miércoles, 19 de noviembre de 2008

CARTA DE QUIQUE A LEONEL

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Santo Domingo, D.N.
04 de abril del 2008
Excelentísimo
Dr. Leonel Fernández ReynaDr. Reyna,
Presidente de la República,
Su Despacho.
Señor Presidente:
No es secreto para nadie que la consternación y el desaliento dominan hoy a
la sociedad dominicana, invitada por sus aspiraciones de perpetuarse en el
Poder, a asistir al sepulcro de los principios éticos que enarboló el Partido de
la Liberación Dominicana a raíz de su fundación por el Honorable Presidente
y Líder del PLD, Prof. Juan Bosch. Con o sin su aquiescencia, no pocos de
los falsos parteros del honor que medran a su alrededor, han convertido esta
campaña electoral en un burdel depravado, seduciendo algunos dirigentes de
la oposición para que entren en el redil del transfuguismo, apoyando su
reelección, a cambio de prebendas o privilegios pagados por la pobreza
nacional.
Como consecuencia de lo anterior no me cabe dudas de que usted reduce
su investidura de Jefe del Estado, al corromper la solemnidad de los actos del
gobierno, para enviar desde el propio Palacio Nacional, imágenes
degradantes donde se cambian de manera bochornosa, principios y valores
por prebendas que no sólo engrosan la nómina estatal, sino que al mismo
tiempo lanzan en el más profundo cieno a personas de la clase política
dominicana.
Es evidente que el presente ejercicio gubernamental dista mucho de la
transparencia y equidad requerida por nuestros ciudadanos y ciudadanas.
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Desde la cúspide del poder se implementan diariamente, acciones que
debilitan nuestras instituciones y lesionan seriamente el sistema democrático.
En su calidad de Presidente de la República, usted tiene la grave
responsabilidad de gobernar para todos los dominicanos y dominicanas y no
para una minoría partidaria. Se ha entendido siempre que un gobernante no
debiera estar signado por la soberbia, la autosuficiencia, la intemperancia, el
odio, la inescrupulosidad y la inequidad, sino todo lo contrario, abanderado de
la concertación, el equilibrio, la moderación, la protección y el fortalecimiento
de los valores patrios y la búsqueda permanente del bien común.
Cómo es posible entonces, que usted desperdicie la oportunidad de ser un
ente de moderación y desarrollo del país, para convertirse en un perturbador
y degradador de las mejores prácticas políticas
El país transita un sendero peligroso y de imprevisibles consecuencias para
el futuro de la nación. El ambiente político se enrarece cada vez más, con las
graves y frecuentes denuncias sobre el uso masivo, abusivo e ilegal de los
recursos del estado para favorecer su reelección.
Como Jefe de Estado, usted estaba en la obligación de auspiciar una
campaña electoral transparente, en donde se garantizara a los partidos
políticos participantes, la igualdad de oportunidades. Jamás debería utilizarse
el cargo de Jefe de Estado, para auspiciar, sin límites alguno, todas las
aberraciones propias de los peores momentos de nuestra historia, como hoy
sucede.
Usted no tiene derecho a atropellar a nuestro pueblo como lo está haciendo.
Los recursos del Estado no deben ser dilapidados en vulgar clientelismo
político, emulando las más enojosas y deleznables prácticas despóticas de
nuestra América Latina. Su accionar tiene acorralada a la nación dominicana
y eso podría costarnos caro a todos, incluyendo a quien desde el gobierno
propicia ese estado de cosas.
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Vivimos en un país altamente vulnerable, con graves problemas sociales, y
lastrado por males que parecen insalvables. Somos un país rico en recursos
naturales, donde las energías del gobierno debieran estar conducidas a la
construcción de espacios de gobernabilidad, a proponer políticas públicas
que enfrenten la pobreza, la desnutrición, la insalubridad, el bajo nivel de
escolaridad; a abrirnos espacios en el cada vez más globalizado mundo
comercial y a promover todo cuanto pueda contribuir a cimentar una nación
fuerte, estable, en crecimiento sostenible y sólidamente democrática.
Sin embargo, usted y su gobierno están violando la Ley electoral 275-97, con
el uso abusivo e ilegal de los recursos del Estado en la campaña electoral.
Violan también la Ley de Función Pública que prohíbe a los funcionarios
pronunciar discursos electorales, distribuir propaganda política y participar
activamente en campañas electorales. Casi la totalidad de los Secretarios de
Estado ocupan posiciones relevantes en la dirección de la campaña electoral
del PLD y cuando se les reclama un cese a esta violación, salen con
argumentos peregrinos de que esa Ley no puede ser retroactiva y que ya el
comité de campaña estaba creado cuando dicha Ley fue aprobada. ¿Cómo
es posible retorcer la ley?
De igual manera, Usted y su gobierno violan sistemáticamente la Ley de
Contrataciones y Concesiones del Estado, la Ley de Presupuesto y la Ley de
Acceso a la Información Pública, entre muchas más.
Señor Presidente, la historia, ese juez inexorable, se encargará algún día de
evaluar los graves daños que su actitud está provocando a la sociedad
dominicana y ojalá que no sean palabras admonitorias, aquellas
pronunciadas por Joaquín Balaguer, de quien usted se ha declarado
admirador y seguidor, cuando en uno de sus discursos recogidos en “la Voz
del Capitolio”, señaló: “Ay de los partidos que vuelven la cara atrás y después
de haber salido al campo de la lucha con una bandera revolucionaria, la
bajan para sustituirla por una bandera distinta, abdicando de sus ideales con
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el pretexto de que “estamos obligados a la transacción y al compromiso para
realizar el proceso revolucionario prometido”.
Ayer, la República Dominicana estaba dividida entre corruptos y peledeistas,
y hoy, ¿cómo estará dividida?, cuando justamente miles de peledeistas han
sido echado de su lado para dar paso a seudos dirigentes opositores
cooptados mediante las más burdas de las hazañas corruptas que se haya
registrado en la historia gubernamental.
Lo que define hoy día al núcleo ideológico del grupo que le rodea no es el
conservadurismo, sino el absolutismo y recuerde que la ambición desmedida
puede convertirse en avaricia y en un deseo frenético de triunfar a toda
costa, aún sea pisoteando las más elementales normas de respeto hacia los
demás.
Más que en ningún otro momento de nuestra historia, necesitamos impulsar
nuevas utopías, nuevos referentes y nuevas formas de hacer política. La
política no puede seguir haciéndose sobre la base de la destrucción de los
adversarios, olvidándonos que todos formamos parte del sistema y que una
agresión a un órgano del sistema es una agresión a todo el sistema.
Si usted lograra la destrucción del sistema de partidos será su propia
destrucción. La desarticulación de la democracia agregará también un
colofón indecoroso a su carrera política.
La dignidad permanecerá. Resistiremos heroicamente la suma de todas las
barbaries que se vienen cometiendo contra el Partido Reformista, los partidos
de oposición y grupos de la sociedad civil que hemos decidido transitar un
camino diferente, enfrentando con seriedad a su gobierno y a su política de
hambre, miseria e ineficiencia de los servicios públicos fundamentales.
Usted tiene el mazo y está golpeando duramente e innecesariamente a
nuestra organización, el Partido Reformista Social Cristiano, que sólo está
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participando del juego democrático y procurando el legitimo derecho de la
alternabilidad en el ejercicio del poder. Sin embargo, quiero recordarle al
afamado poeta inglés John Donne, quien inspiró con uno de sus mejores
pensamientos, a nuestro inmortal Ernest Hemingway para escribir en 1940 su
novela “Por quién doblan las campanas”.
Escribió John Donne y repitió Hemigway: “Ningún hombre es una isla en sí
mismo; cada hombre es parte de tierra firme; si un trozo de tierra es
arrastrado por la marea el continente disminuye. La muerte de cualquier
hombre me hace más pequeño, porque soy parte de la humanidad, por tanto
no preguntes por quien doblan las campanas, doblan por ti”
Siéntase usted en el pináculo de su gloria. Siga golpeando duramente a los
que como yo, tenemos la responsabilidad de decirle basta ya de tantas
ignonimias. Y recuerde, Presidente, que en el mundo terrenal nada es eterno,
ni inmutable, ni inconexo, y que todo lo que sube tarde o temprano tiende a
bajar. Es su responsabilidad, cuando le toque bajar, hacerlo lleno de gloria, o
cubierto por oropeles de oprobios e infamias contra el pueblo dominicano.
Finalmente, en mis reflexiones, que muchas veces no encuentran explicación
lógica, lo asocio a aquel joven romano, artista y poeta, soñador de la Grecia
antigua, que sin él pensarlo ni soñarlo, por artificios de Séneca, llego a ser
emperador de Roma, y a quien por sus malas obras la posteridad lo ha
convertido en la referencia de la maldad, seria una pena que así terminasen
sus días.
La historia lo juzgará.
Ing. Federico Antún BatllIng. Batlle
Ciudadano y Presidente del PRSC.

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